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The perks of learning German

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Como no podía ser de otra manera, mi primera entrada se la dedico al alemán, la que va a ser, con suerte, mi lengua C a lo largo de la carrera. Toda persona que me conozca un poco sabe la devoción que siento por este idioma. Pero ¿qué es lo que tiene la lengua que la hace especial?Image

En los últimos años, el alemán ha experimentado un auge sin precedentes en nuestro país. Ante la precaria situación económica de España, multitud de españoles se han apuntado a cursos de idiomas para poder irse a Alemania a trabajar. El país se ha tomado como un paraíso laboral en el que las ofertas de trabajo llueven del cielo. No obstante, aunque sí que es cierto que la tasa de paro está en torno al 6,7%, eso no quiere decir que ir allí sea llegar y besar el santo.

¿Qué ocurre con la lengua? Seguro que más de una vez alguien os ha hablado de la dificultad de esta. Los mitos que giran en torno a ella no son pocos, por lo que a continuación me gustaría aclarar algunas peculiaridades que considero importantes desde mi escasa experiencia:

  • Léxico. Este juega un papel clave en la lengua, hasta el punto de que gramáticas como la de Jung le otorgan gran peso. La lengua alemana tiene la peculiaridad de que algunas palabras se forman combinando otras, así que no es difícil toparnos con joyitas como: Generalstaatsverordnetenversammlungen. Palabras quilométricas que no constan en el diccionario y que quitan el hipo. Lo que podría parecer un aspecto negativo, a mí me parece algo enriquecedor y único. La libertad de expresión y variedad de palabras que pueden formarse es ilimitada, por lo que la capacidad de creación a la hora de redactar no está constreñida como en otros idiomas. En palabras de Mark Twain en The awful German language, son procesiones alfabéticas dignas de colección, que él apunta de vez en cuando para intercambiar con otros coleccionistas de estos especímenes tan singulares.
  • Sintaxis. El orden en la oración es de vital importancia. En las simples, el verbo conjugado siempre va en segunda posición, mientras que en algunas subordinadas, este ha de ir siempre al final. Por ejemplo: Ich lerne Deutsch, weil ich in Deutschland wohnen will. Lo que en una traducción palabra por palabra sería: “Yo aprendo alemán, porque yo en Alemania vivir quiero”. Lo que en escritura puede parecer relativamente sencillo una vez se asimilan las reglas, en el habla se presenta como todo un reto, sobre todo en oraciones largas. La complicación también llega de la mano de los trennbare Verben (verbos separables), donde la primera parte del verbo se separa de la raíz y se coloca siempre al  final. Otros adorables amigos, vaya.
  • Pronunciación. Tras estos desalentadores datos para el aprendiz de alemán, llega un punto que compensa ligeramente la balanza. La pronunciación del alemán es mucho más sencilla que en otros idiomas como el inglés. Las palabras se ciñen a unas pocas reglas, por lo que una vez se aprenden estas, es posible averiguar cómo se pronuncian todas las palabras. Aunque sí que es cierto que algunos fonemas resultan difíciles para nuestro aparato fonador no acostumbrado, es asequible pronunciar bien el alemán.Image
  • Declinación. Menciona esta palabra a una persona que haya estudiado latín y observa cómo el semblante le cambia de inmediato. Bien, pues en alemán los determinantes y los adjetivos se declinan. Existen cuatro casos (nominativo, acusativo, dativo y genitivo). Dependiendo de la función que realiza la palabra, la terminación de estos es una u otra. Más de un español preferiría declinar una oferta de empleo antes que un adjetivo en alemán.

Y cuando ya parece que nos queremos tirar de los pelos y lanzar por la ventana el diccionario, a Merkel y hasta las salchichas de la nevera, resulta que esto no es nada. En palabras de mi profesora, el verdadero “coco” del alemán son los géneros. Y con toda la razón del mundo. Resulta que en alemán existen tres géneros que no tienen nada que ver con los del español, de manera que el sol es femenino (die Sonne), la luna es masculina (der Mond) y una chica es neutra (das Mädchen). Con un par, sí señor.

Y tras todo esto, os podéis preguntar dónde narices están las ventajas, si todo esto no son más que datos desalentadores. Pues bien, desde mi punto de vista, precisamente en la complejidad de la lengua reside su encanto. Tras horas y horas de estudio, de listas de vocabulario interminables, de rezar a todos los santos que existieron sobre la faz de la tierra para atinar con la terminación correcta de un maldito adjetivo… va y resulta que sabes alemán ─o, al menos, conoces unas nociones básicas─. Y es, desde luego, mucho más satisfactorio que si el esfuerzo hubiera sido mínimo o menor.